Mi propia historia cambió mi forma de entender la terapia
Soy Andrea Carranza, fisioterapeuta de profesión y terapeuta especializada en terapias energéticas y transpersonales.
Mi trayectoria profesional comenzó hace más de 26 años en la fisioterapia. Hace 16 años inicié mi propio camino dentro de las terapias energéticas y transpersonales, primero desde una búsqueda profundamente personal que, con los años, fue transformando también mi manera de comprender el cuerpo, el trauma y la sanación.
Desde hace seis años acompaño profesionalmente a personas desde este enfoque terapéutico.
Pero mi manera de comprender todo esto no nació únicamente de mi profesión ni de las distintas formaciones que he realizado.
También nació de mi propia historia.
No comparto mi historia para hablar de mí. La comparto porque sé que, en algún punto, puede tocar la tuya.
Desde muy pequeña conocí la violencia, el maltrato, los abusos, el rechazo y la culpa. Aprendí a hacerme pequeña, a sentirme poca cosa y a creer que muchas de las cosas que ocurrían a mi alrededor eran, de alguna manera, mi responsabilidad.
Durante muchos años viví sintiéndome víctima de mi infancia y de todo lo que había vivido. Por fuera seguía adelante; por dentro convivía con miedo, ansiedad, angustia y un dolor que muchas veces no sabía ni cómo explicar.
Cambiar de país tampoco hizo desaparecer esa historia. Al contrario, me mostró otra herida que hasta entonces no había visto con tanta claridad: la de no pertenecer.
Sentirme ajena, rechazada, invisibilizada.
Con el tiempo comprendí que podemos alejarnos miles de kilómetros, empezar una nueva vida e intentar dejar atrás muchas cosas, pero aquello que no hemos podido sanar sigue viajando con nosotros.
Mi historia había viajado conmigo.
Sobre mí
Mi cuerpo también estaba contando mi historia
Desde muy joven sufrí de hernias discales, contracturas constantes en todo el cuerpo, dolores articulares en las rodillas y las muñecas, fuertes dolores en la mandíbula que llegaron hasta el punto de tener que operarme de ambas articulaciones (ATM), además de problemas digestivos, migrañas y un fuerte bruxismo.
Durante años fui de un profesional a otro buscando alivio, buscando algo que pudiera quitarme aquel dolor. Y aunque algunas veces mejoraba durante un corto tiempo, el dolor siempre regresaba una y otra vez.
Con los años, como fisioterapeuta, empecé a darme cuenta de que esto no me ocurría solamente a mí. Muchas de las personas que atendía vivían algo muy parecido: después del tratamiento mejoraban durante unos días, quizás unas pocas semana, pero pasado un tiempo regresaban con las mismas contracturas, los mismos dolores, la misma sintomatología, año tras año.
Y empecé a hacerme una pregunta:
¿Por qué, a pesar de tratar el cuerpo, el dolor termina regresando una y otra vez?
Mi propia experiencia empezó a darme algunas respuestas.
Con el tiempo comprendí que todas aquellas experiencias dolorosas que había vivido habían dejado una huella profunda en mí y que mi cuerpo llevaba años expresando parte de esa historia.
Había vivido durante mucho tiempo desde el miedo, la tensión, la culpa y un estado de alerta constante. Empecé a comprender que muchos de aquellos dolores que me acompañaban desde muy joven podían estar relacionados también con todo aquello que había vivido y que durante años había llevado dentro.
Ese descubrimiento cambió profundamente mi manera de entender el cuerpo y, a la ves mi forma de entender la terapia.








